Carnaval

 Ayer te perdiste una buena fiesta. Estábamos casi todas y Laura, además, trajo a su nuevo novio. Nos pasamos la noche entera contándole historias tuyas; que si aquella vez que te tiraste del puente atada a una cuerda para darle un susto a tu padre, que si aquel día que te pintaste la cara y el cuerpo con maquillaje de cine  y pensamos que te habían atropellado… 

Pero lo que más le gustó fue cuando le contamos aquella noche de Carnaval ¿Te acuerdas? Esa en la que te disfrazaste de macarra y estabas tan bien caracterizada que incluso te intentaron echar de la discoteca.

Lástima que lo consiguieran y que al empujarte tan bruscamente fuera del local te arrollara aquel coche, y esta vez de verdad. Pero no te preocupes, que todas las mañanas de Carnaval vendré aquí, al cementerio, a contarte las novedades, tal y como estoy haciendo ahora.

 

 

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La Posada

                   Bodega  Usted se preguntará porqué este sendero que le ha traído hasta aquí aparece tan abandonado y lleno de maleza. Tendría que haberlo visto hace unos años, cuando ésta era la posada más popular de la zona. Consistía en un establecimiento inmenso de tres plantas,  y un establo en el que al menos cabrían cincuenta caballos. Tanto los grandes señores como los labriegos de la zona, incluso los  vagabundos que transitaban por los caminos, realizaban un alto en su viaje para detenerse a  escuchar las últimas noticias traídas por los juglares. Las cabriolas de los saltimbanquis hacían las delicias de grandes y pequeños.

¡Y qué cocinera! Todo lo que pasaba por sus manos se transformaba en suculentos platos, y por eso pasó lo que pasó. Mi amo, el posadero, se aficionó tanto a esos opíparos banquetes que acabó comiéndose a sus huéspedes y claro, se corrió la voz y dejamos de tener clientes. Poco a poco el bosque se fue espesando y haciendo el camino intransitable.  Usted es el primer visitante que tenemos en mucho tiempo.

Pero… pase, pase, no se quede en la puerta.  Llega justo a tiempo para la cena…