Hair Spray

Capítulo final

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Nina, Alex y Marta recopilaron todo el dinero que habían ido ahorrando de sus pagas y se fueron al supermercado a conseguir laca.

-¿Compramos esta? Es la más barata – comentó Nina eligiendo un bote de un estante

-Esa no, es muy mala y se pone pegajosa. Es la que mi madre me obliga a comprar cuando le dan sus arrebatos de austeridad- respondió Alex- Mejor cogemos esta otra.

-Vale, tú sabes de esto más que yo- accedió Nina con un encogimiento de hombros.

Dispuestos a frenar la invasión alienígena, le dieron todo su dinero a la cajera, quien les observaba con aire divertido y salieron de allí cargados de botes de laca de alta calidad.

En la peluquería, Melissa- en su forma tentacular- estaba discutiendo de nuevo  con Arkg.

-¡No te mereces este puesto! Voy a informar de que estás poniendo en peligro la misión y te destituirán en el acto.

-¡Ja! ¿Te crees que te van a hacer caso, Melissa? – contestó Arkg en un tono deliberadamente ofensivo – Te recuerdo que eres tú quien ya lleva varias sanciones por dar falsas alarmas. Tu histerismo solamente te perjudica a tí, así que vete a husmear a otro lado y déjame trabajar en paz.

-¡Me voy a recoger el sótano! Pero esto no va quedar así. Ya veremos quién sale ganando cuando descubran desde el mando central que te estás encariñando con estos asquerosos humanos ¿Cuánto hace que no cambias a tu forma original? Ese cuerpo nuevo tuyo te está volviendo loco-  finalizó Melissa mientras abandonaba el salón dando un portazo.

-El caso es que tiene razón, cada día me gusta más este planeta. Algunos humanos inconscientes se lo están cargando, pero estoy convencida de que acabarán reaccionando antes de que sea demasiado tarde. No como nuestra especie, que vamos destrozando mundo tras mundo y sólo dejamos atrás tristes y humeantes carcasas -murmuraba Arkg mientras recogía  los enseres de la peluquería.

Mientras tanto, la pandilla estaba decidiendo si entrar en la peluquería por la puerta principal o por el sótano. Alex había tenido la idea de colocarse varios botes de laca alrededor de la cintura sujetos por su cinturón, al estilo de los cowboys del oeste. Decía que así podía acceder a ellos más rápidamente. Nina, en cambio, había optado por utilizar su carcaj para flechas sujeto por una cinta a su espalda. Marta, simplemente, llevaba todos los botes restantes dentro de su bandolera.

Agazapados en un portal cercano vieron cómo  Melissa abandonaba el local y  dejaba abierta la puerta del sótano. Cinthia estaría sola. Era el momento de entrar y acorralarla.

Los viejos cachivaches que ocupaban el sótano en la anterior visita habían desaparecido y el suelo aparecía impecablemente limpio. Ni siquiera quedaba una mísera tela de araña. El grupito avanzó despacio y con cautela hacía la puerta que daba acceso al salón principal. Pero en el momento en el que iban a subir la escalera oyeron un ruido en la puerta del sótano,

Con aquel espacio vacío de trastos no había ningún rincón donde esconderse y, por lo tanto,  no les quedaba más remedio que enfrentarse a Melissa, que era quien estaba en la puerta.

-¡Ah, por fin! Sabía que caeríais en la trampa de la puerta abierta, no tenéis escapatoria- se enfrentó a ellos mientras sus brazos comenzaban a transformarse en tentáculos pegajosos.

-Rápido, hay que aprovechar que está cambiando para atacarle- susurró Nina- Alex, por la derecha, Marta por la izquierda. A la cuenta de tres le echamos la laca encima. Uno, dos y… ¡Tres!

Seis chorros de pegajosa laca convergieron sobre el rostro aún humano de Melissa, quien inmediatamente comenzó a gritar de dolor. Al acercar los tentáculos a su rostro, éstos comenzaron a humear y un olor nauseabundo envolvió el sótano. Los aullidos continuaban subiendo de volumen mientras el cuerpo se convulsionaba y entraba en un torbellino de cambios en el que ya no se distinguía una forma definida, tan pronto se distinguían rasgos humanos como emergían los tentáculos . Al poco rato, todo se volvió silencio, y de Melissa solamente quedaba una especie de charco verdoso burbujeante.

-¡Puagh, qué asco!- exclamó Alex haciendo un gesto de repugnancia.

-Pues ya sabemos por qué no utilizaban laca- respondió Marta, quien ni siquiera se había despeinado con todo aquel jaleo.

-Venga, visto que funciona, vamos a por Cinthia- incitó  Nina al resto.

-¡Melissa! ¿Qué son esos ruidos? – Se  oyó gritar a Cinthia que bajaba por las escaleras en ese momento – Eh.. ¿Qué hacéis vosotros aquí? ¿Dónde está Melissa?- Preguntó amenazante dirigiéndose a Nina

-Se ha convertido en ese charco repugnante de ahí, es lo que sucede cuando alguien intenta conquistar nuestro mundo. Prepárate a morir tu también, asqueroso alienígena- respondió Nina mientras le apuntaba con un bote de laca

-No, no, espera. Yo ya no quiero arrasar este planeta. De verdad que cada día me gustáis más. Además Melissa era una estúpida, no entendía lo bien que se puede llegar a vivir aquí.

-¿Pretendes que te creamos?- contestó Marta acercándose con un bote de laca en cada mano

-Nina, escúchame por favor. Tú me conoces desde hace más tiempo ¿Cuándo te he tratado mal? Créeme, por favor – continuó suplicando.- Me encanta vivir aquí y utilizar este maravilloso cuerpo.

-No puedo arriesgarme, Cinthia ¿Cómo sé que no me estás mintiendo y que en cuanto nos descuidemos no llamarás a toda tu gente para que acaben con nosotros? Vamos, aprovecha y di tus últimas palabras.

-¡No! ¡Espera! Se me ocurre una forma de convencerte. Puedo enviar el código de desastre total. Es una alarma que indica que todo aquí está perdido. Eso hará que la flota que orbita el planeta salga a la búsqueda de una nueva galaxia que devastar.

-¡No me lo creo!- intervino Alex- Seguro que es una trampa.

-¡Qué no! Mirad, os lo demostraré, sólo tengo que apretar este botón de mi pulsera y todas las bases-peluquería de este planeta explotarán.

-¡No hagas eso! Si es cierto moriremos aquí dentro- gritó Marta alarmada

-No, este sótano está diseñado para  protegerlo de la explosión. Tapaos los oídos- finalizó Cinthia mientras presionaba el interruptor.

El eco de la explosión sacudió el sótano, pero, como había vaticinado Cinthia, permanecieron a salvo en su interior. Cuando salieron a la superficie, de la peluquería solo restaban escombros y una nube de humo acre que les hizo toser.

-¿Veis? Esto ha pasado en todo el planeta y seguro que la flota ya está a cien años luz de aquí. Por fin puedo disfrutar de mi estancia en vuestro mundo. Ummh, ahora que lo pienso… Nina ¿Tú crees que tu madre me dará trabajo? -preguntó girándose hacia la interpelada.

Varios meses después Cinthia se había convertido en la entrenadora personal de Marcela y los gobiernos mundiales iban encontrado un lento y sinuoso camino hacia la paz.

FIN

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2 comentarios en “Hair Spray

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