La Posada

                   Bodega  Usted se preguntará porqué este sendero que le ha traído hasta aquí aparece tan abandonado y lleno de maleza. Tendría que haberlo visto hace unos años, cuando ésta era la posada más popular de la zona. Consistía en un establecimiento inmenso de tres plantas,  y un establo en el que al menos cabrían cincuenta caballos. Tanto los grandes señores como los labriegos de la zona, incluso los  vagabundos que transitaban por los caminos, realizaban un alto en su viaje para detenerse a  escuchar las últimas noticias traídas por los juglares. Las cabriolas de los saltimbanquis hacían las delicias de grandes y pequeños.

¡Y qué cocinera! Todo lo que pasaba por sus manos se transformaba en suculentos platos, y por eso pasó lo que pasó. Mi amo, el posadero, se aficionó tanto a esos opíparos banquetes que acabó comiéndose a sus huéspedes y claro, se corrió la voz y dejamos de tener clientes. Poco a poco el bosque se fue espesando y haciendo el camino intransitable.  Usted es el primer visitante que tenemos en mucho tiempo.

Pero… pase, pase, no se quede en la puerta.  Llega justo a tiempo para la cena…