Tarde de partido

domingo de Deporte

 

“Valiente aburrimiento de partido”, pensaba Pablo mientras veía pase de balón tras pase de balón desde la tribuna del estadio.

-Pues menos mal que es el encuentro del siglo- le comentó a Felipe que estaba a su lado con expresión ausente- Felipe ¿Me estás oyendo?

El sopor producido por el aburrido juego había transportado a  Felipe a su niñez, a aquellos partidillos en el descampado, el olor del polvo levantado por multitud de piececillos descalzos, el sueño de llegar a ser una estrella como estos jugadores aburridos ¡Eh! Algo pasaba en el campo. Habían marcado un gol con una espectacular chilena.

-¡Goool!- Gritó de repente poniéndose en pie.

-Pero… ¿Tú estás tonto o qué?- le reprendió Pablo- ¿No ves que el gol nos lo han metido a nosotros?

 

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Oscuridad

noche

       Los aullidos de la jauría resonaban en  las tinieblas sobre el corazón desbocado de Marieta. Sus pies descalzos hollaban la hierba húmeda dejando tras de si un rastro inconfundible para los afilados sentidos  de los perros. A través de la bruma se perfilaba un edificio de ventanas opacas, oscuras como una noche sin luna. La niña, ya casi sin aliento, tropezó con una raíz y no pudo evitar  ser alcanzada por los jadeantes animales que se arremolinaron sobre ella con las fauces abiertas… En ese momento se encendió una luz y procedente de una ventana se escuchó una voz de hombre ronca y profunda gritando:

“¡Marieta! ¿Cuántas veces te he dicho que no hagas correr a los caniches por la noche? Se excitan y luego no pueden dormir. Y encima descalza ¡Entra en casa ahora mismo!”