Malditas Moscas

mosca

Cada vez que entro en el estudio y miro la colección de insectos me invaden la ira y el llanto. Los recuerdos me asaltan y me veo en mi último viaje, exultante de felicidad por el descubrimiento de una nueva especie de mosca. Iluso de mí, estaba tan obsesionado por triunfar que no vi venir mi caída provocada por las argucias de mi ayudante que, a mis espaldas, publicó mi descubrimiento. Ahora es él el científico famoso, mientras que yo me he convertido en su fámulo, limpiando mis insectos con su plumero.

El billete de 50

Billete

Ahí estaba yo, preparado para limpiarle la caja al chinorris de la esquina.  Me había dicho el Charly que a esas horas la peña no va a comprar y que era el mejor momento de liarse la manta a la cabeza. Dicho y hecho: entré por la puerta con la pipa en la mano y  la sirla de mi abuelo en el bolsillo.

-¡Venga,  pasmao, dame toda la guita! – Le  dije al chaval de la caja apuntándole con mi mano temblorosa

-No entiendo. Si quieres bolitas para pistola, en el pasillo del fondo.

“Joder” -pensé- “Pues éste se ha coscao de que la pipa es de pega. Tendré que usar el pincho”

Así que quitándome la manta de la cabeza, que hacía mucho calor,  busqué la faca en mis pantalones. Pero la cagué con el bolsillo y saqué un billete de cincuenta púas. Para disimular le pedí cambio al chino quien no sé por qué me miraba mosqueado. Lo mismo era por la manta. Mientras él buscaba en la caja pillé la navaja, una de esas rojas con una cruz dibujada y un montón de cositas. Con ella abierta en la mano me dio sin rechistar los cuarenta pavos que había y salí disparado.  Fuera del súper entendí sus risitas: me había dejado dentro el billete de cincuenta.